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Sabiamente el Otoño

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Nuestros lugares comunes residen en las miradas inquietas de una tarde de otoño, en las cervezas en tardes de lluvia y bicicleta y en barrios del extrarradio madrileño. Incluso me atrevería a decir que podríamos encontrarnos en los cuerpos que antaño amamos o en la idea furiosa de un mundo que revolucionar o en un improvisado viaje en bicicleta hacia playas atlánticas.  Nuestros lugares comunes pueden ser todos. O puede no ser ninguno. Pero, en realidad, eso es lo de menos. Porque el otoño, siempre tan sabio, ha conseguido recordarme lo mucho que me gusta pintarme el rabillo del ojo de negro carbón, para salir, felicidad en ristre, a disfrutar de cada paseo callejero, de cada letra que escribo, de cada canción que entono, de cada proyecto que emprendo, de cada sonrisa que arranco. 

Caminante, no hay camino

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No sé muy bien cómo ocurrió. Sólo sé que lo hizo y un buen día todo empezó a ser diferente. No sé si fue aquel 30 de abril triste y descorazonador. O el día en el que me entrevisté para el trabajo que cambiaría mi vida. O cuando N. enfermó. O si fue cuando me diste el primer beso. O quizá fueron las risas de A. y la vitalidad de mi otro A. O igual  tuvieron que ver las canciones que C., muy sabiamente, me ponía en bucle esperando que no pudiera más que convertirme en  una rebelde incansable. Igual ocurrió aquel domingo en el que el experimento no me salió. O el día en el que decidí estudiar Biología. Quizá tuvo que ver aquella adolescencia tan emocionante. O que J. se me acercara aquel día en el pasillo de 3º de ESO a recordarme que ellos seguían allí. O quizá fueron las conversaciones con L., V. y B. O las asombrosas ganas de enseñar de P. Quizá nada de esto tuvo que ver. O quizá, casi con toda seguridad, todas y cada una de estas cosas han hecho que hoy haya sido el día q...

Y al fin ese día llegó

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Un buen día, casi sin quererlo, ocurre que son las once y media de un martes y escribes las últimas palabras de tu planificación: “…y así verificaré la comprensión”. Punto y final. Adiós muy buenas. La función se ha acabado. S’ha acabat. Rematou. Amaitu da. La-úl-ti-ma-pla-ni-fi-ca-ción. I can’t believe it. Y tú eres un cúmulo de sensaciones encontradas. Por un lado, suspiras, aliviado. Ya no más planificaciones. No más “¿cómo vas a transmitir mentalidades?” (uhm, plantear un trasplante de cerebro a los niños es demasiado, ¿no?). No más oraciones subordinadas, procedimientos matemáticos ni present continuous infernales. Ya no más deadlines de 48 h (en serio, ¿alguien lo ha cumplido más de dos veces?). No más discusiones existenciales a las dos de la mañana sobre si la práctica guiada debe o no debe ser dinámica. No más “dormir está sobrevalorado” (¡no lo está!) ni “¿quién está hoy de patio?”. En tu vida ya no habrá más comisiones que salen de debajo de las piedras ni impresoras que ...

Dos veces tres

"Yo te habré enseñado bares.  pero tú me enseñaste a sonreir" Ocurre que sucede que en ciertas ocasiones simplemente te vitaminas con sus ojos azules. Bueno, con sus ojos azules y con la alegría que recorre, electrificándolo, todo su cuerpo. Y recuerdas el porqué lo quieres. Así, sin condiciones. Porqué lo quieres a rabiar. Y cómo es que las aceras de esta ciudad saben a su mirada y tu historia no sería lo mismo sin vuestras noches y vuestros días. Vuestra Mahou y vuestra Estrella. Vuestras playas y vuestros bares. Sucede que ocurre que la vida no hubiera sido ni la mitad de divertida de no haberlo tenido a tu lado y Madriz no hubiera sido ni la mitad de lo madrileño de lo que es ahora. También recuerdas que hace seis años que escribiste sobre sus ojos azules. Hace seis años. Seis. Dos veces tres. Y él, que es un pillo, ya ha dado esquinazo a la treintena. Es verdad, ha pasado tiempo, tanto, que no eres capaz de recordar todas las noches de vino y rosas en las qu...

El día que me vaya

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Aunque dentro de mucho tiempo, el día que me vaya solo debéis recordar esto: he sido inmensamente feliz. He amado y me han amado. He aprendido numerosas formas de hacer el amor y he regalado todo el amor que recibí a toda persona dispuesta a reconocer una sonrisa. He sido amiga y he gozado de la mejor familia y amigos que cualquiera podría querer a su alrededor. He aprendido a disfrutar de cada momento como si fuera el último, independientemente de su contenido en tristeza o alegría incontenible. Me he acompañado de música y de libros, de fotografías, de colores, de comidas y de infinitos condimentos que me han salpimentado las mañanas y las tardes y las noches. He viajado. He hecho lo que he deseado y he aprendido a encontrar los caminos que me han acercado a mis metas. He amado, tanto, que no debéis preocuparos por mí. Porque he vivido siendo inmensamente feliz. 

Miss Teína

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"Sospecho que es del tipo de personas que se vitaminan tan sólo con mirar desde la azotea" Agustín Fernández Mallo Nocilla Experience Miss Teína tiene unos ojos que te quitan las penas con solo atisbarlos al fondo del pasillo. Es una mujer bella, tan tan bella que no entiendo por qué Vargas Llosa aún no le ha dedicado una novela. Empezaría así: "El año en el que conocí a Miss Teína, mi vida cambió". Quizá, si Mario no se anima, lo haga yo. "Miss Teína se paseaba por los pasillos de la casa de Tegucigalpa como si de una Reina Inca se tratara, vestida con aquel camisón de lino blanco que rozaba cuidadosamente sus caderas al son de las calurosas noches de verano. Con los primeros sonidos del amanecer, Miss Teína se despespereza tras el primer aviso del despertador y rauda y velozmente se mete en la ducha para dejar que el agua le arrebate las últimas imágenes de los sueño perdidos entre las sábanas. Se seca el pelo cuidadosamente, esa media melena ...

El otoño que vivimos perrofinamente

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Perrofinas . Dícese de las mujeres que, enamoradas de cada uno de los minutos y segundos del sol que en otoño dora las calles de Madriz, aman y ríen a partes iguales. En algunos aspectos de la vida, también se dice perrofinas a aquellas mujeres que lucharon por hacerse un hueco en el metro de la línea 1 todos los viernes y sábados del otoño de 2014. O también a aquéllas que, hartas de que todas las semanas después del domingo apareciera un lunes, decidieron formar un partido cuyo único objetivo fuera alargar los fines de semana 27 horas y media. Existen otras derivaciones de la palabra, dado su mal (o buen) uso a altas horas de la madrugada de diversos sábados madrileños. En este sentido, dícese también de las mujeres que aman, bailan y besan como ellas quieren y son capaces de levantarse, copa en mano, tras una mala caída y brindar por lo que fue y por lo que vendrá.