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Barcelona

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Lo bueno de algunas tristezas es encontrar conversaciones eternas de esas que se te quedan incrustadas en la piel y van contigo Carrer des Mirallers arriba, Pla de Palau abajo. Se trata de esas conversaciones y de esas miradas que cuando ocurren lo único que puedes sentir es que no las olvidarás.  Y te quedas con ganas de más. De mucho más. Y ruegas porque el ave Madrid-Barcelona se haga más corto y puedas volver a disfrutar al día siguiente de esas conversaciones tan difíciles de encontrar que duran tres horas, dos cervezas y cinco paseos y versan sobre todos los recovecos de la vida. Pero sólo te queda cantar, recordar y tomarte un vino, o dos, mientras disfrutas del poso de estos pequeños grandes momentos. "Seria fantàstic que res no fos urgent. No passar mai de llarg i servir per quelcom. Anar per la vida sense compliments anomenant les coses pel seu nom. Cobrar en espècies i sentir-se ben tractat i pixar-se de riure i fer volar coloms. Seria tot un detall, tot un ...

Recordándote

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Mis días son una sucesión de emociones que florecen cuando me reconozco en su piel, cuando me enfado con todos porque B. se fue, cuando me encuentro con P. y con A. en la tardenoche más extraña desde aquélla de noviembre de dos mil catorce o cuando recibo esos mensajes de L. que me hacen recordar a partes iguales nuestras noches, nuestros días y los días que vendrán.  Pero al final del día, lo importante es seguir. Seguir viviendo. Seguir conquistando cada minuto. Seguir haciendo de éste un sitio mejor. Seguir aprendiendo. Seguir amando. Y sobre todo, seguir recordándote. 

Rutinas (sabias) de otoño

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Los otoños en Madriz siempre son sabios. Siempre. Es por eso que este verano que ya casi es otoño me devuelve las rutinas olvidadas en los trasiegos del día a día del curso dos mil quince - dos mil dieciséis. Aquellas rutinas que, a pesar de hacerme sonreir como una niña con zapatos nuevos, fueron relegadas al baúl de los recuerdo por demasiados proyectos e incertidumbres.  Pero este curso no será igual. Porque si en otoños pasados ocurrieron mi lápiz de labios rojo o el ceviche y  la locura tapapiesera, en éste ocurrirán las neurolecturas, los estómagos tranquilos y las rutinas que sabiamente el otoño me ha vuelto a traer.  "Un desorden milimétrico  me acerca hasta el lugar lleva a cabo mi propósito  de ser cuchillo y presa a la par" Vetusta Morla. Cuarteles de Invierno

Fiestas de despedida

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Ya hace tiempo que comenzó la cuenta atrás y no es que no me importe, es que simplemente sé que lo hará. Así que vamos a preparar fiestas de despedida, por doquier y a todas horas, por todos los días que se marcharán.  En realidad, las fiestas de despedida ya empezaron hace algunos meses entre cenas, viajes, amantes de varias noches y conversaciones infructuosas. Ya estaba tomada una decisión que no se desarrolló hasta el vigésimo noveno día de aquel agosto de dos mil dieciseis cuando ocurrieron los hechos que A. definió como un comienzo de un fluir diferente. Ese día las camas se removieron, aparecieron los números pares en las habitaciones y se escogió la canción que procedía. Con ella en los altavoces, nos fuimos despidiendo de un año lleno de fotos robadas, de días valientes en los que plantamos cara a aquello que no queríamos y de inicios felices de tiza y rotulador. Seguiremos preparando grandes fiestas de despedida por los días que se marcharán. Pero preparemo...

Los dos únicos miembros

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"Como si llevara aquí una eternidad, no nos pedimos permiso para preguntar.  No hay reglas, no hay contratos, es todo ilegal. Sólo se pone a mi lado así tan normal." Y me acompañas en mis pasos mientras continuo un viaje que espero nunca termine. Gracias por simplemente estar.  #letsgotravel

Musa en paro busca poeta

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Cuando en Madriz empiezan a caer del cielo hojas marrones y amarillas, en nuestras vidas siempre ocurren cosas maravillosas. Un año fueron las sonrisas de una andaluza. Al año siguiente (y al siguiente), los besos de un hombre que me quiso y la locura arrebatadora de descubrir un mundo nuevo. El año pasado recuerdo que sucedieron las calles de Lavapiés, las notas gallegas y los besos con sabor a ceviche y a mate.  Y ahora, en este año que ya se acaba, ocurre que al saber de qué color quiero que sea mi sonrisa al despertar, soy capaz de respirar profundamente, dar un paso atrás y esperar a saber si me apeteces. Y aunque me reconozca en tus canciones y en tu felicidad y me guste cómo brilla tu mirada cuando descuidadamente me observa s, primero, querido, tengo que decidir si me merecen la pena el revoltijo de sensaciones, las camas revueltas y los labios pintados. Primero, voy yo, con mis alegrías y mis sentimientos norteños, con mis rizos y mis besos, con mis atrevimientos y...

Sabiamente el Otoño

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Nuestros lugares comunes residen en las miradas inquietas de una tarde de otoño, en las cervezas en tardes de lluvia y bicicleta y en barrios del extrarradio madrileño. Incluso me atrevería a decir que podríamos encontrarnos en los cuerpos que antaño amamos o en la idea furiosa de un mundo que revolucionar o en un improvisado viaje en bicicleta hacia playas atlánticas.  Nuestros lugares comunes pueden ser todos. O puede no ser ninguno. Pero, en realidad, eso es lo de menos. Porque el otoño, siempre tan sabio, ha conseguido recordarme lo mucho que me gusta pintarme el rabillo del ojo de negro carbón, para salir, felicidad en ristre, a disfrutar de cada paseo callejero, de cada letra que escribo, de cada canción que entono, de cada proyecto que emprendo, de cada sonrisa que arranco.