Sorprende el silencio que te puedes llegar a encontrar en una ciudad de casi seis millones de habitantes si te deciddes a coger las llaves y salir por esa puerta a recorrer Claudio Coello en una noche de domingo. Si finalmente te decides, arguyendo ira, enfado o soledad, no dejes de pisotear con ferocidad las tempranas hojas marrones que hacen notar la llegada del otoño. Pisotéalas fuerte y olvida tus problemas. Disfruta del lejano ruido del coche que atraviesa la calle Velázquez, del susurro de las hojas de los árboles al ser mecidas por el viento y del bamboleo de la señal de tráfico. Quizá te encuentres con algún viandante acompañado por su perro. No les prestes atención. Concéntrate en olvidar lo que te ha llevado hasta allí. Que el viento de octubre se lo lleve. Raudo y veloz. En estos días, si me pierdo, busquénme en Claudio Coello esquina Hermosilla que estaré desgranando mi rencor. (Audio: Cuestiones de familia. Love of lesbian)
¡Una artículo genial, Lara!
ResponderEliminarNo sé tú (o mejor, "creo que sé pero no"), pero yo estoy muy de acuerdo con lo que dice este hombre: el problema del cambio climático no es sólo una cuestión científica, sino que nos afecta como comunidad (a todos) y, por lo tanto, es uun tema político que exige acción. Entiendo también que eso no es algo que sólo se pueda aplicar al problema climático, sino que la mayoría de las denuncias del ambientalismo/ecologismo se refieren a problemas que deben ser afrontados como cuestiones de enorme relevancia política y social. En mi opinión, el desarrollo sostenible real es una meta política a la altura de la justicia social, propia de la izquierda más auténtica y radical.
Gracias por el enlace, chicoliciosa.
¡Muaks!