Descalcita por la arena

Y cuando fui abandonada por los veraneantes de la casa, dispuestos a beberse Madrid, me paseé descalcita por la casa pensando en qué hacer. De repente sopló un aire fresco que se coló en la casa desde mi habitación hasta la cocina. Y claro, yo, norteña en un mundo de treinta-grados-centígrados, sentí aquel fresquito que me recorría los pies, los brazos y el cuello como un regalo que me hacía la ciudad por tanto calor acumulado.

Cual perro labrador, seguí el rastro del aire hasta mi habitación y salí en medio de la noche al balcón, con los dedillos de los pies desnudos. Y, mmmm, soplaba el viento norteño y una estrella se mostraba tímida entre las luces urbanitas. Y entonces detuve el tiempo un instante para tomar una fotografía mental de aquel momento y así poder recordar el viento que se estaba llevando mi agonía.

Y cuando me hube recompuesto de semejante placer, sonreí. Sonreí por lo bueno y por lo malo. Por Madrid y por este calor asfixiante. Porque aquí no hay playa (¿bueno y qué? ). Y porque pronto pronto la voy a poder ver.




Comentarios

  1. Gracias!! por fin!!! xD

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  2. me empiezo a aficionar a tu blog en mis descansos de estudio!
    un besiño desde villaviciosa! os echo mucho de menos

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  3. Para la que llama al PP: esto me ha llegado al corazon pequeña mia! esto de ser tía te ha sentado muy bien! los descansos estudiantiles no son lo mismo sin ti :)

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  4. Mandame una foto de la playa, anda, (y no hagas sangre con eso, snif, snif)

    (mandrileando en lugar de estudiar pato...)xD

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