Un buen día M. me dijo una cosa tan bonita que me dio un arrebato de locura y tuve que irme a su vera verita vera. Allí encontré cosas extraordinarias: Girona, furgonetas con libertad, pueblos con diecisiete habitantes y lo mucho que me gusta aprender nuevas lenguas. A su vera también ocurrieron los lugares comunes (y no comunes), las conversaciones non-stop, el “ Jo competeixo ” y los besos y caricias que quedarán en el recuerdo de las estrellas de Beget y de dos sacos de dormir. Sin embargo, lo que realmente encontré en una carretera perdida del prepirineo gironés fue que mi constancia, las numerosas horas de terapia con mis dos A., los besos robados, los días de sonrisas cuando no apetecía y estos años de pensar en mí habían dado el resultado esperado: ya no esperaba nada de nadie, sólo esperaba algo de mí. Y así, mientras cantábamos a voz en grito como si nadie nos escuchara aquello de “quién iba a decir que sin carbón no hay Reyes Magos”, me sentí plena y segura al...